8 de marzo de 2009

El Olfato

Tu sentido del olfato está dentro de tu nariz. La mayor parte de su exterior es para calentar y limpiar el aire que respiras antes de que llegue a tus pulmones.
Estamos constantemente rodeados de olores. Nuestro ambiente, los objetos, los animales y las personas son una fuente inagotable de buenos y malos aromas.
A pesar de que muchos subestiman al olfato, ya que no es un mecanismo de supervivencia determinante, éste destaca por poseer una enorme capacidad sensitiva. Una de las principales características del sentido del olfato es que actúa ante pequeños estímulos.
Si bien no poseemos la sensibilidad olfativa de animales como los perros, nuestro olfato contribuye a la estimulación del apetito y las secreciones digestivas, además de prevenirnos ante la presencia de gases dañinos para nuestra salud.
Para percibir los olores, nuestro organismo también desarrolla desde la etapa embrionaria una serie de estructuras que facilitan el olfato. Si bien algunas de estas también realizan importantes tareas relacionadas con la respiración, en su conjunto activan la respuesta cerebral que permitirá que captemos los diferentes olores.
El órgano que captura, en un comienzo, las diminutas moléculas de olor es la nariz. A simple vista, la nariz es una estructura que sobresale del rostro y que nos otorga una determinada apariencia estética. Pero va más allá de un accesorio, ya que alberga importantes y especializados órganos.
En la nariz tenemos dos cavidades llamadas fosas nasales. En su parte superior hay unas células nerviosas sensibles a los olores. Pese a ocupar una superficie equivalente a la de un sello de correos, estas células poseen más de doscientos millones de filamentos llamados cilios.
Existen veinte tipos de cilios y cada uno de ellos detecta un olor diferente. Cuando olemos algo, se estimula una combinación determinada de cilios que, por medio de las neuronas envían señales al cerebro. Éste entonces la analiza para determinar de que olor se trata.
Nuestro entorno nos ofrece una inimaginable cantidad de olores para percibir. El agradable olor de un perfume, el nauseabundo aroma de la basura descompuesta, gases tóxicos provenientes de chimeneas industriales, incluso, el olor de nuestro propio cuerpo, hacen que nuestro sentido del olfato genere respuestas a diario.